Dicen que en el siglo veinte, el mundo fue una porquería. Parece que ahora, en los tiempos de la globalización, también tenemos un siglo veintiuno cambalache.
Algunos creen que la crisis que vivimos en nuestro país, en los primeros años de este siglo, se debió a que los orientales no nos ponemos de acuerdo. Hoy, por lo menos todos están de acuerdo en que hay que acordar con muchos más países. Y hablando de orientales, ahora se buscan acuerdos con China (hasta los Estados Unidos, a pesar que China sea un país comunista), y nosotros no nos quedamos afuera; también hemos buscado acuerdo con nuestros homónimos de China y Japón. Estos intercambios comerciales “entre orientales”, fomentaron que el presidente chino viniera a Uruguay, -lo que hasta ese momento parecía un cuento chino- que muchos futbolistas se quisieran ir a China, o que ahora, el “Chino” Recoba, quiera retirarse el año que viene en nuestro país.
Pero no todo lo que viene de China es positivo. Por ejemplo, los que trafican con ciudadanos de ese país. De hecho, en el corriente mes de setiembre y luego de diversos allanamientos simultáneos en Rivera, Salto, Paysandú y Montevideo, quedaron detenidas treinta y tres personas por tráfico de ciudadanos indocumentados chinos... sí... ¡treinta y tres! ¿Serían los “treinta y tres orientales”?.
De la trata de personas, a la explotación de menores hay un paso. Que no sucede solo en nuestro país, y que en Medio Oriente es peor; los extremistas islámicos no sólo explotan los menores... explotan también a los jóvenes, a los mayores, los autos, los ómnibus, etc.
Y si no nos ponemos de acuerdo los orientales de por acá, que queda esperar del MERCOSUR, donde ni siquiera se ponen de acuerdo en quienes lo tienen que integrar. Durante la presidencia de Tabaré Vázquez, las cumbres sudamericanas parecían un recital de Village People. Había un indio, un militar, un cura, un obrero metalúrgico y un médico. Y mientras empezábamos a hacernos amigos de los chinos, con el país que teníamos las relaciones más “tensas”, era nada menos que con nuestros “hermanos” argentinos, los mismos “hermanos” que en el Estadio Centenario nos mandaron al repechaje para el mundial de Sudáfrica, y que nosotros dejamos afuera de la Copa América en su propia casa, en 2011.
Eran tiempos en que en Paraguay, la economía estaba en alza, igual que el presidente Fernando Lugo, si lo medimos por los hijos que le aparecían.
Brasil comenzaba a prepararse para el Mundial, -nuevamente en su casa-, prometiendo ser el “mais grande do mundo”. En las favelas de Río ya se están “armando” para tal acontecimiento, y se frotan las manos haciendo cálculos de cuantos turistas van a poder afanar.
Bolivia seguía reclamando una salida al mar, y a sus vecinos les seguía chupando un “Evo”, mientras a Estados Unidos le daban seis bases militares en Colombia. Dijera el “Bambino” Veira: “La base está”.
Mirando al norte, el mundo tampoco es perfecto.
En la Madre Patria seguían desconociendo el Tratado de Paz, Amistad y Reconocimiento suscrito entre España y Uruguay en el año 1870, -la madre patria que los parió- y como los uruguayos son reconocidos por el deporte, aún hoy siguen siendo deportados.
En Uruguay había balotaje, y mientras nacionalistas y colorados pedían votar a los blancos, en Estados Unidos, -el país que siempre admiraron-, en las elecciones se votaba en negro.
Pero la globalización, trajo también la blogalización, y por eso mi debut en este terreno y con estas primeras líneas, ahora que escribir en blogs, está muy en bloga.
